A los siete años su padre Máximo (ex presidente tricolor), lo traía a practicar básquet con el Profesor Basilio González al club de sus amores, Sportivo Rojas, su segunda casa. A los 12 años vinieron del campo a vivir a nuestra ciudad, en la esquina donde vive actualmente, Francisco Roca y Sarmiento; en un barrio donde se siente aire de básquet. Allí convivió con dos grandes amigos que desde hace rato partieron al cielo, Alejandro “Caco” Andreozzi y Omar “Lampa” Gaynor. Aprendió a jugar al deporte de la pelota naranja, gracias a sus condiciones naturales, ya que por aquella época no había competencia en divisiones juveniles como en la actualidad. Recordó los torneos Comerciales, los Torneos Regionales y el ascenso de Sportivo a la APB en 1987. La vida no hace mucho le jugó una mala pasada con su salud, pero gracias a Dios y el apoyo de su esposa Sandra, sus hijos Facundo y Virginia y su nieta Francesca, pudo salir adelante. Una nota imperdible, de un personaje muy querible en el mundo del básquet, que cuando nombraba a sus amigos sus ojos se humedecían de lágrimas; con la tranquilidad que lo dio todo, con entrega y pasión

Equipo que ascendió a Primera División de la APB en 1987. Roberto Gazo, Máximo Gutiérrez, Claudio Berbenni, Daniel Cesano, Juan Carlos Olivera, Mario Calderón, Ariel Guilera, Carlos Zambuto, Beto Calabia y Gustavo Peretti
Datos personales. Máximo Gutiérrez, el Pato como se lo conoce popularmente, nació en Rojas en octubre de 1956. Es hijo de Ricardo Máximo Gutiérrez y de Ana María Dalmaso; tiene una hermana, Ana Sonia: está casado con Sandra Lanz y tiene dos hijos: Virginia y Facundo. También tiene una nieta de seis años, Francesca Alonso. «En este momento estoy trabajando en la parte vial del municipio, aunque con licencia por un problema de salud. A fin de mes ya me reintegro a la actividad», contó Gutiérrez.
En este barrio se respira básquet; ¿cómo fue tu infancia, la escuela?
“Nací acá en Rojas, frente a la tapicería Fauda, donde vivía una señora que era partera. Al año me fui a vivir al campo, y ahí estuve hasta los doce años. Fui a la escuela de La Urbelina, y empecé a jugar al básquet en Sportivo; mi viejo me traía a aprender con Basilio González. Mi hermana vivía en Rojas con mi abuela, y él venía a verla y me traía. Así empecé mi carrera basquetbolística, a los ponchazos. Recuerdo que mi vieja, en el campo, tenía una canasta que usaba para juntar los huevos, y yo la usaba para tirar al aro con una pelota de fútbol. Las pelotas de básquet en esa época eran así, como las de fútbol, pero más grande. La que yo tenía era de fútbol, una número cinco. Después me vine a vivir a Rojas, a los doce años, en la misma esquina donde vivo ahora, Francisco Roca y Sarmiento. Pero en realidad es como que vivía en el club, con dos chicos que vivían en esta cuadra, Caco Andreozzi y el Lampa Gaynor (emoción). Al club no lo abandoné jamás; mi viejo fue ocho años presidente, en la época del bicentenario de Rojas”.
En ese tiempo, la etapa de Basilio González, ¿cómo era la formación? ¿Había escuelita?
“Se hacía todo «en criollo». Un clase 56, con un 58 y un 60, era lo mismo; jugábamos todos juntos, aprendíamos fundamentos, porque no había jugadores en cantidad. Después sí se hizo cantidad, íbamos a la tarde y teníamos que esperar turno para poder jugar; pero era algo hermoso, pileta, paleta y básquet”.
¿A qué edad empezaste a jugar los comerciales?
“Catorce años tenía, era un alambre; me agarraban Yosi Scardino, Platel, y me enterraban abajo de las baldosas... Era así. Después empezaron los comerciales, y yo jugué en SIC, Supermercado Integral de la Carne; jugué en Concesionaria Peugeot con Bocha Bramati, el Chancho Rosetti, Manolo Narvaiza, teníamos un equipazo; lástima que se cansaban los «viejos» y en el segundo tiempo nos pasaban por arriba. También jugué para Chispa, y un año fui a jugar a Pergamino. Acá estaba parado el básquet, y me llevó Hugo Paradela a Sirio Libanés. Raggi era el director técnico, y empezamos con la pretemporada. Pero antes de que empezara el campeonato me lesioné una rodilla, me llevaron a un especialista y tuve que estar siete meses parado. Después volví, porque me había hecho amigo de Guillermo Illia, que era un jugador supremo, y me llevó a jugar a Argentino. Pero otra vez tuve problemas con la rodilla, y entonces me volví a Rojas. Iba solamente a tirar al aro, a correr un ratito, y cuando empezó el campeonato de segunda, Juan Zambuto y Peto Martínez le pusieron fichas. No nos dejaron entrar, se hizo la Liga Fantasma con Carmen de Areco, Capitán Sarmiento, Arrecifes, Salto, Colón y Rojas. Una cosa hermosa, y salimos campeones. Me acuerdo de la rabieta que me agarré con los de Pergamino, porque teníamos que tener un campeonato ganado y eso tenía que estar certificado. Así es como guardaban los artículos de los diarios de todas partes, se armaban unos partidazos. A mí me tocó jugar contra el Vasco Aispurúa, que fue jugador de la selección nacional; me tocó marcarlo y me metió como setenta puntos, porque era un oso de más de dos metros, se daba vuelta y me mataba. Entonces, cuando presentamos todo a la Liga de Pergamino, nos exigieron dos campeonatos y nos mandaron otra vez a pelearla. Volvimos a jugar, salimos campeones otra vez, y finalmente nos dejaron entrar; pero en segunda. Para ascender a primera teníamos que salir campeones dos años seguidos o tres alternados. Ganamos el primero, perdimos el segundo, y volvimos a ganar los dos siguientes; recién ahí nos dejaron ascender a primera, el equipo que hoy está jugando en la Liga de Pergamino. En el año 1987, ahí ascendimos”.
¿Qué recuerdos tenés de ese momento?
“Me acuerdo de Caldentey, Beto Calabia, Fabián y Javier Castellá, Bernardo Lavandera, Ricardo Molinari, y los chicos de Rojas, Carlos Zambuto, Cachito Tiseira, Daniel Cesano, el Negro Ponzo, Ariel Guilera, Willy Mena, Sugus Vázquez, Juan Carlos Olivera, Roberto Gazo, el Pato Berbenni, Gustavito Peretti, Mario Calderón y seguramente se me escapa alguno más, a los cuales les pido disculpas”.
Después seguimos en la APB…
“Seguí jugando ahí hasta que me retiré, a los treinta y seis años. Fue en un partido contra Sports; íbamos ganando por 16 y lo perdimos en el último cuarto. Creo que hacía diez años que no jugaba un partido como ése, metí como veinte puntos. Pero Peto me sacó y lo puso a Javier Fay; le robaban la pelota, se empezaron a venir, y finalmente perdimos”.
Después llegaron las nuevas generaciones, y por suerte Sportivo pudo lograr en 2005 /2006 salir campeón de la APB...
“Lo viví como espectador, fue una cosa de locos lo que sufrí, y los kilómetros que hice, porque fui a todos los partidos: a Tandil, a Olavarría, a San Nicolás varias veces, a Rosario, a Firmat, a todas partes”.
Y ahora Facundo sigue tus pasos...
“Sí, y con la camiseta 9 de Sportivo, un verdadero orgullo... Él es mucho más jugador que yo, muy habilidoso, muy fuerte, buen marcador e inteligente para jugar al básquet. El básquet no es un deporte para burros, hay que ser muy rápido pensando”.
¿Cómo lo ve a Sportivo en esta etapa de tanta lucha para subsistir?
“Está complicado, como la economía del país. Hasta los mismos socios estamos complicados económicamente, porque está todo mal, y no se puede pretender que un club salga adelante si no hay plata para pagar la luz o tener profesores. Los techos están mal, y hace falta mucha plata para reparar. Igual que la pileta, que está toda abandonada. La cancha de paleta anda porque se privatizó. Hay algunas cosas que se han hecho con las que no estoy de acuerdo, pero el que las hace, las hace pensando que están bien. Los chicos que están le ponen muchas ganas, pero están muy solos; como siempre, empiezan veinte y terminan dos”.
Alguna anécdota linda que recuerde sobre el básquet...
“Hay mil. Me acuerdo mucho de cuando trajimos al Negro, a Ricky Head... ¡Lo que comía ese negro! ¡Dios mío! Nunca vi a una persona comer tanto como a ese tipo. Me acuerdo de que un día estábamos practicando, hacíamos el uno contra uno y los que jugábamos abajo éramos él y yo. Entonces, nos marcábamos uno al otro. Por ahí estaba atacando, se levanta, y le metí una tapa impresionante. No lo podía creer. Venía a comer a casa, y preguntaba por qué le decíamos Negro a mi papá. A él no le gustaba que le dijeran «Negro», le sonaba despectivo”.
“También me acuerdo del Mono Barreiro, el que era referí. Una vez estábamos jugando una final acá, en Sportivo, y yo tenía cuatro fules; Cacho Tiseira tenía dos; y en un amontonamiento, le meto una mano impresionante al que traía la pelota. Cacho se acordó de que yo tenía cuatro y le dijo que se lo cobrara a él; y así fue. Era un sinvergüenza ese Mono. Después se quedó a comer, como siempre hacían los árbitros”.
“Hay miles de anécdotas. Era una época de mucho sacrificio. Yo me iba a las dos de la mañana a trabajar al campo, y a las ocho volvía, me bañaba y me iba a practicar, para no perder la titularidad. Ya estaba casado en esa época. Lo hacía por el club, para estar presente”.
¿Qué te dejó el básquet en la vida?
“Todo. Más alegrías que tristezas. Cosas lindas. Todavía hoy voy a Pergamino y me encuentro con los muchachos que jugaban en contra nuestro, y nos saludamos, nos damos un abrazo. El básquet es un deporte maravilloso y Sportivo un club maravilloso también, ojalá Dios ilumine a los dirigentes actuales y a los que estén por venir para que siga más vigente que nunca”.

Plantel Torneo Regional 1985. Daniel Cesano, Julio Ponzo, Máximo Gutiérrez, Ariel Guilera, Ricardo Molinari, Gustavo Vásquez, Carlos Zambuto y Rodolfo Martínez












