En realidad, el «olvido» proviene del relato histórico mitrista, producido mientras se construía un país –aún vigente– con el gobierno central enfocado hacia el puerto de Buenos Aires, aliado a una reducida clase dominante, a un puñado de multinacionales y a potencias extranjeras que desangraban el territorio. El héroe salteño y otros como San Martín, Belgrano y Artigas cuestionaron a ese modelo y plantearon otro de soberanía federal, una disputa que aún no ha terminado

Depositaron una ofrenda floral al pie del busto a Martín de Gúemes
Este viernes 17 de junio, al cumplirse el 201° aniversario de su fallecimiento, Martín Miguel de Güemes fue homenajeado en nuestra ciudad, más precisamente en la Plazoleta del Bicentenario que lleva su nombre, ubicada en la esquina de Iribarne y Juan G. Muñoz.
El acto contó con la presencia de delegaciones institucionales, de autoridades locales y de un grupo de gauchos salteños, incluido un historiador, todos ellos llegados por gestión del payador Nicolás Membriani (también presente en la plazoleta).
La presencia del historiador y de los gauchos salteños permitió enmarcar la conmemoración en su justo lugar histórico; algo que seguramente no habría ocurrido si el acto hubiera sido una mera «recordación de prócer» sin alusión alguna a la situación política, económica y social en la cual actuó el recordado.
Cabe mencionar entonces que, según relata Felipe Pigna en su publicación «El historiador», Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. A los catorce años ingresó a la carrera militar y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas como edecán de Santiago de Liniers. En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés «Justine» y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.
Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo.
Pero Güemes no olvidaba su Salta natal, a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820.
ENEMIGOS DE AFUERA Y DE ADENTRO
Comenta Felipe Pigna lo ocurrido a fines de noviembre de 1815, cuando este «prócer olvidado» puso involuntariamente de manifiesto uno de los motivos por los cuales la historia oficial creada por Mitre, en momentos en que era construido un país –aún vigente– con el gobierno central enfocado hacia el puerto de Buenos Aires, aliado a una reducida clase dominante, a un puñado de multinacionales y a potencias extranjeras que saquean el territorio, «olvidó» a Martín Miguel de Güemes: sus enemigos no eran sólo los realistas.
Señala el historiador que por esos días, tras ser derrotado en Sipe Sipe, José Rondeau intentó quitarle quinientos fusiles a los gauchos salteños. Güemes se negó terminantemente a desarmar a su provincia. El conflicto llegó a oídos del director supremo, Ignacio Álvarez Thomas, quien decidió enviar una expedición al mando del coronel Domingo French para mediar y socorrer a las tropas varadas en el norte salteño a cargo de Rondeau, quién parecía más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. Finalmente, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.
Dos días después iniciaba sus sesiones el Congreso de Tucumán que designó director supremo a Juan Martín de Pueyrredón. El nuevo jefe del ejecutivo viajó a Salta ante las críticas y sospechas de muchos porteños, que dudaban de la capacidad militar de Güemes y sus gauchos. Pueyrredón quedó tan conforme que ordenó que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió al caudillo salteño al grado de coronel mayor.
San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón; confirmó los valores militares y el carisma de Güemes y le confió la custodia de la frontera Norte. Dirá San Martín: «Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado«.
Belgrano también valoraba la acción de Güemes. De esta forma nació entre ellos una gran amistad. Esto expresó Güemes a su amigo en una carta: «Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas».
El jefe de las fuerzas realistas, general Joaquín de la Pezuela, envió una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en que se encontraba su ejército ante la acción de las partidas gauchas de Güemes. «Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras, ponen en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio; en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial.»
En marzo de 1819 se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparaba nuevamente a resistir. Sabía que no podía contar con el apoyo porteño: su viejo rival José Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. La prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras. El nuevo director llegó a ordenarle a San Martín abandonar su campaña libertadora hacia el Perú y regresar a Buenos Aires con su ejército para combatir a los federales. San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.
EL FINAL QUE SE APROXIMA
El año 1821 fue sumamente duro para Güemes, porque a la amenaza de un nuevo ataque español se sumaron los problemas derivados de la guerra civil. Güemes debía atender dos frentes militares: al Norte, los españoles; al Sur, el gobernador de Tucumán Bernabé Aráoz que, aliado a los terratenientes salteños, hostigaba permanentemente a Güemes, quién sería derrotado el 3 de abril de 1821. El Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, aprovechó la ocasión para deponer a Güemes de su cargo de gobernador. Pero a fines de mayo Güemes irrumpió en la ciudad con sus gauchos y recuperó el poder. Todos esperaban graves represalias, pero éstas se limitaron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios.
Estas divisiones internas debilitaron el poder de Güemes y facilitaron la penetración española en territorio norteño. Los sectores poderosos de Salta no dudaron en ofrecer su colaboración al enemigo para eliminarlo.
El coronel salteño a las órdenes del ejército español José María Valdés, alias «Barbarucho», buen conocedor del terreno, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños, a los que les garantizó el respeto a sus propiedades.
Güemes estaba refugiado en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, «Macacha». Al escuchar unos disparos, decidió escapar a caballo pero, en la huída, recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta. Reunió a sus oficiales y les transfirió el mando y dio las últimas indicaciones. Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a «Barbarucho» Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.
EL ACTO EN ROJAS
Organizado por la municipalidad de Rojas se realizó este viernes alrededor de mediodía el acto oficial para recordar a Martín Miguel de Güemes, al cumplirse dos siglos y un año desde su fallecimiento.
La ceremonia fue encabezada por el intendente municipal, Román Bouvier, a quien acompañaron el presidente del Concejo Deliberante, Diego Pérez; la presidente del Consejo Escolar, Marianela Barzaghi; otros concejales, consejeros escolares, autoridades educativas, policiales y varias delegaciones escolares, de centros tradicionalistas y de otras instituciones con banderas de ceremonia.
Cabe mencionar, como presencias destacadas, a las del historiador Luis Gustavo Fernández y de cuatro gauchos: Federico Herrera, Víctor Gómez, Carlos Calabró y Hugo Fernández, todos oriundos de la provincia de Salta.
Los salteños llegaron gracias a la mediación del payador rojense Nicolás Membriani, también presente en el acto, con quien los norteños han cultivado una larga amistad a lo largo de los años.
El acto comenzó con un minuto de silencio en memoria del recientemente fallecido intendente municipal Cristian Ford. Seguidamente fueron izadas las banderas Nacional y de la provincia de Salta; entonadas las estrofas del Himno Nacional Argentino y colocada una ofrenda floral al pie del monumento que inmortaliza al prócer salteño.
Al dirigirse a los presentes, el historiador salteño Luis Gustavo Fernández destacó que «venimos desde La Caldera, una localidad salteña de no más de cinco mil habitantes, a hablar de la gesta heroica del general Martín Miguel de Güemes, al conmemorarse doscientos un años desde su fallecimiento».
«Junto con el general San Martín, con Manuel Belgrano, tuvo una participación muy importante en la gesta de nuestra independencia y las luchas para enhebrar toda la parte norte de nuestro país: Salta, Tucumán, Jujuy, tan importantes en esta guerra gaucha donde logramos nuestra independencia. Güemes fue un colaborador importantísimo para que San Martín pudiera lograr el cruce de los Andes. Mientras el general preparaba el cruce, Martín Miguel de Güemes defendía la frontera norte de nuestra patria», dijo después.
«Su lucha concluyó trágicamente un 7 de junio cuando fue traicionado por un grupo de salteños que lo entregan en un lugar donde hoy sería calle Balcarce y Belgrano, a dos cuadras de la plaza central de Salta. Herido de muerte intenta salir hacia su cuartel general en el Chamical, pero no pudiéndolo hacer se va hacia finca La Cruz, donde permanece herido durante diez días. El enemigo le ofreció rendirse con todos los honores, pero él no lo aceptó y murió en la Cañada de la Horqueta. Hoy conmemoramos su muerte, un héroe máximo para los salteños y para todos los argentinos», concluyó.
Por su parte, el intendente Román Bouvier expresó que «esta fecha fue impuesta en el año 1999 para recordar el Día de la Libertad Latinoamericana y así rendirle homenaje al general Martín Miguel de Güemes».
«Habiendo regresado a Salta formó su ejército, que fue denominado "Los infernales". Fue una de las personas que mejor interpretó el plan de San Martín para la liberación; cumplió un rol fundamental en el norte del país, y colaboró y contribuyó con San Martín y Belgrano. Solía decir una frase: No dejarse tentar por los intereses mezquinos; no claudicar; dejar todo por la patria, inclusive hasta la propia vida. Así lo hizo él, y a través de Güemes hacemos hoy extensivo el homenaje a todos esos gauchos, a todas las personas que no consiguieron el bronce pero sí dieron todo de sí para construir esta nación», finalizó diciendo.
Para concluir con el acto, los salteños entregaron al intendente municipal un mural cerámico que conmemora el bicentenario del fallecimiento del general Martín Miguel de Güemes.
Bouvier, por su parte, hizo entrega a cada uno de los visitantes de un ejemplar del libro «Historias de Rojas», publicado por Mario Aguer en diciembre de 2018.
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Esta nota contiene material extraído de la publicación «Martín Miguel de Güemes» incluida en la web «El historiador», dirigida por Felipe Pigna. Puede accederse a la fuente original en https://www.elhistoriador.com.ar/martin-miguel-de-guemes/

Izamiento de las bandera Nacional y de Salta

Los gauchos salteños entregaron un mural de cerámica de Martín de Gúemes

Nico Membriani realzó la celebración con sus estrofas y cantos